por MSc. Rodrigo Borda
Introducción
El entrenamiento de fuerza en niños ha sido objeto de numerosos mitos que, durante años, impidieron que los más jóvenes accedan a una práctica sumamente beneficiosa. A pesar de la creciente evidencia científica, muchas creencias erróneas persisten, disuadiendo a padres, entrenadores y docentes de implementar este tipo de entrenamiento en programas infantiles.
En este artículo, basado en la publicación de un reconocido experto mundial en la temática, el Dr. Avery Faigenbaum, desmentimos los mitos más comunes y revelamos las realidades que toda persona involucrada en la educación física debe conocer
¿Quién es Avery Faigenbaum?

Avery Faigenbaum, Ph.D., es un destacado investigador en el área de la ciencia del ejercicio pediátrico y profesor en el Departamento de Salud y Ciencias del Ejercicio en The College of New Jersey. Su enfoque especializado en el ejercicio infantil lo ha convertido en una autoridad mundial, con más de 250 publicaciones científicas, 50 capítulos de libros y más de 10 textos.
También es miembro activo del American College of Sports Medicine y de la National Strength and Conditioning Association (NSCA).
Mitos y realidades del entrenamiento de fuerza en niños
Mito 1: El entrenamiento de fuerza es peligroso para los niños y puede causar lesiones
Una de las mayores preocupaciones es la idea de que el entrenamiento de fuerza puede causar lesiones en los niños. Este temor ha sido ampliamente desmentido por la evidencia científica.
✅ Realidad:
Cuando se implementa correctamente y bajo supervisión profesional, el entrenamiento de fuerza es seguro y mejora la salud ósea, la coordinación y reduce el riesgo de lesiones deportivas. Un estudio de revisión realizado por Stricker et al. (2020) confirma que los programas supervisados en niños disminuyen las probabilidades de sufrir lesiones físicas.
Mito 2: El entrenamiento de fuerza detiene el crecimiento
Este es uno de los mitos más persistentes, pero carece totalmente de fundamento científico.
✅ Realidad:
Según el consenso internacional liderado por Lloyd et al. (2014), el entrenamiento de fuerza no afecta negativamente el crecimiento lineal. Al contrario, favorece el desarrollo muscular y óseo. Los niños que realizan entrenamiento supervisado muestran una mayor densidad mineral ósea, fortaleciendo su estructura corporal.
Mito 3: El entrenamiento de fuerza es solo para atletas
Existe la idea errónea de que el entrenamiento de fuerza es únicamente para jóvenes que buscan rendimiento deportivo.
✅ Realidad:
Nada más alejado de la realidad. Todos los niños, independientemente de su nivel de actividad, pueden beneficiarse. Faigenbaum et al. (2022) destacan que el entrenamiento de fuerza desarrolla habilidades motrices esenciales, fundamentales para el desarrollo físico general y la prevención de lesiones.
Mito 4: El entrenamiento de fuerza debe esperar hasta la pubertad
Una creencia muy arraigada es que los niños deben esperar a la pubertad para comenzar con el entrenamiento de fuerza. Esta idea parte del supuesto de que, antes del desarrollo hormonal, los niños no pueden generar adaptaciones significativas o que entrenar antes podría ser perjudicial.
✅ Realidad:
El entrenamiento de fuerza NO necesita esperar a la pubertad. De hecho, los niños prepuberales pueden obtener enormes beneficios neuromusculares al entrenar fuerza de forma adecuada y supervisada. Diversos autores señalan que las adaptaciones en esta etapa no dependen de las hormonas sexuales, sino de mejoras en la coordinación, activación neuromuscular y eficiencia técnica (Lloyd & Oliver, 2022).
Estudios clave citados en el libro respaldan esta afirmación:
Behm et al. (2008) demostraron que el entrenamiento de fuerza en niños produce adaptaciones neuromusculares significativas, aunque no haya un aumento sustancial en la masa muscular.
Faigenbaum et al. (2009) observaron mejoras en fuerza muscular, equilibrio y rendimiento motor en niños prepuberales luego de 8-12 semanas de entrenamiento.
Granacher et al. (2011) concluyeron que la infancia es una ventana de oportunidad ideal para desarrollar fuerza a través de mecanismos neuromusculares.
Beneficios del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes
Es fundamental que padres, entrenadores y profesionales de la salud comprendan los múltiples beneficios del entrenamiento de fuerza desde edades tempranas. En una entrada anterior ya profundizamos sobre estos beneficios, pero en resumen son:
✅ Aumenta la densidad mineral ósea
✅ Mejora la salud cardiometabólica
✅ Favorece el control del peso corporal
✅ Disminuye el riesgo de lesiones deportivas
✅ Mejora el rendimiento y la confianza motriz
La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda estas afirmaciones, recomendando que los niños realicen actividades de fortalecimiento muscular al menos tres veces por semana (Bull et al., 2020).
Oportunidad para transformar la educación física infantil
En lugar de temer al entrenamiento de fuerza, padres, docentes y entrenadores deberían verlo como una herramienta clave para potenciar el desarrollo físico, emocional y social de los niños.
Esta es una oportunidad única para transformar la manera en que entendemos el ejercicio infantil: dejando de lado los prejuicios y adoptando un enfoque basado en la ciencia.
Fomentar el entrenamiento de fuerza desde edades tempranas permite:
Crear hábitos saludables duraderos
Prevenir lesiones futuras
Aumentar la autoestima y la motivación
Promover una cultura de movimiento y bienestar
Conclusión
Es hora de dejar atrás los mitos que rodean el entrenamiento de fuerza en niños. Con una planificación adecuada, supervisión responsable y una mentalidad abierta, los más jóvenes no solo estarán seguros, sino que experimentarán mejoras significativas en su salud y rendimiento físico.
La ciencia es clara, y el respaldo de autores como Faigenbaum, Lloyd y Stricker nos ofrece la confianza necesaria para fomentar esta práctica desde edades tempranas, asegurando un desarrollo más completo, saludable y feliz.
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Hasta la próxima entrada!!!
Referencias
Behm, D. G., Faigenbaum, A. D., Falk, B., & Klentrou, P. (2008). Canadian Society for Exercise Physiology position paper: resistance training in children and adolescents. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 33(3), 547–561. https://doi.org/10.1139/H08-020
Bull, F. C., Al-Ansari, S. S., Biddle, S., Borodulin, K., Buman, M. P., Cardon, G., ... & Willumsen, J. F. (2020). World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. British Journal of Sports Medicine, 54(24), 1451–1462. https://doi.org/10.1136/bjsports-2020-102955
Faigenbaum, A. D., Lloyd, R. S., Myer, G. D., & Myer, G. D. (2022). Youth resistance training: Updated position statement paper from the National Strength and Conditioning Association (NSCA). Journal of Strength and Conditioning Research, 36(5), 1423–1433. https://doi.org/10.1519/JSC.0000000000004059
Faigenbaum, A. D., Westcott, W. L., Loud, R. L., & Long, C. J. (2009). The effects of different resistance training protocols on muscular strength and endurance development in children. Pediatrics, 124(1), e85–e91. https://doi.org/10.1542/peds.2008-3795
Granacher, U., Muehlbauer, T., Doerflinger, B., Strohmeier, R., & Gollhofer, A. (2011). Promoting strength and balance in adolescents during physical education: effects of a short-term resistance training. Journal of Strength and Conditioning Research, 25(4), 940–949. https://doi.org/10.1519/JSC.0b013e3181cc226e
Lloyd, R. S., Faigenbaum, A. D., Stone, M. H., Oliver, J. L., Jeffreys, I., Moody, J. A., ... & Myer, G. D. (2014). Position statement on youth resistance training: the 2014 International Consensus. British Journal of Sports Medicine, 48(7), 498–505. https://doi.org/10.1136/bjsports-2013-092785
Stricker, P. R., Faigenbaum, A. D., & McCambridge, T. M. (2020). Resistance training for children and adolescents. Pediatrics, 145(6), e20201011. https://doi.org/10.1542/peds.2020-1011