Por Rodrigo Borda, MSc.
Durante décadas, la fuerza muscular en niños y adolescentes fue vista como una simple manifestación del rendimiento físico. Sin embargo, la evidencia actual demuestra que es mucho más que eso: un marcador potente de salud futura.
Un metaanálisis publicado en Sports Medicine (García-Hermoso, Ramírez-Campillo e Izquierdo, 2019) analizó 30 estudios longitudinales con más de 21.000 participantes para responder una pregunta clave:
¿Tener buena fuerza durante la niñez y adolescencia se traduce en un mejor estado de salud en la adultez?
¿Qué hicieron los autores?
Los autores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis siguiendo los lineamientos PRISMA y Cochrane, registrando el protocolo en PRÓSPERO.
Incluyeron estudios con niños y adolescentes de entre 3 y 18 años, aparentemente sanos, en los que se hubieran realizado evaluaciones de fuerza o sobrecarga muscular (como handgrip, salto horizontal, push-ups o sit-ups) y que contaran con un seguimiento mínimo de un año.
Los resultados de salud medidos en el seguimiento incluyeron parámetros antropométricos, cardiometabólicos, óseos y musculoesqueléticos, como IMC, pliegues cutáneos, triglicéridos, resistencia a la insulina, densidad mineral ósea o riesgo cardiovascular global.
Los tamaños del efecto (r) se obtuvieron a partir de coeficientes de regresión ajustados y se convirtieron a un formato común para su análisis.
En este contexto, los autores interpretaron los valores de r como:
≤ 0.10: efecto pequeño,
0.10–0.29: efecto moderado,
≥ 0.30: efecto grande.
Estos tamaños del efecto reflejan la magnitud de la asociación prospectiva, no simples correlaciones puntuales.
¿Qué encontraron?
Los resultados fueron consistentes y clínicamente relevantes. Los jóvenes con mejor fuerza muscular al inicio presentaron, años después:
| Indicador de salud futura | Tamaño del efecto (r) | Interpretación fisiológica |
|---|---|---|
| Índice de masa corporal | −0.14 | Menor aumento de peso y adiposidad total |
| Pliegues cutáneos | −0.32 | Menor acumulación de grasa subcutánea (efecto grande) |
| Insulinorresistencia (HOMA-IR) | −0.10 | Mejor control metabólico de la glucosa |
| Triglicéridos | −0.22 | Mejor perfil lipídico |
| Riesgo cardiovascular global | −0.29 | Menor probabilidad de síndrome metabólico |
| Densidad mineral ósea | +0.17 | Mayor fortaleza estructural ósea |
Los tamaños del efecto moderados y grandes muestran que la fuerza en la infancia y adolescencia tiene un impacto real y cuantificable sobre la salud futura, independientemente de la capacidad aeróbica.
En otras palabras, no basta con correr más: hay que fortalecer.
Salud ósea y muscular: una inversión temprana
Un hallazgo especialmente relevante fue la asociación entre fuerza durante la adolescencia y mayor densidad mineral ósea en la adultez, una relación que evidencia el papel osteogénico del entrenamiento de fuerza en edades de crecimiento.
El periodo peri-puberal, donde las estructuras óseas son altamente adaptables, parece ser una ventana biológica ideal para consolidar un esqueleto más fuerte y resistente a largo plazo.
Además, aunque los resultados sobre dolor lumbar fueron inconclusos, no se observaron efectos adversos, lo cual reafirma la seguridad del entrenamiento de fuerza cuando está bien planificado y supervisado.
Más allá del rendimiento
Este trabajo no se limita al rendimiento deportivo.
Demuestra que la fuerza muscular en la infancia es un biomarcador de salud, comparable en importancia al cardiorrespiratorio.
Los niños con MÁS DEBILES presentan mayor riesgo futuro de obesidad, dislipidemias y resistencia a la insulina, mientras que los MAS FUERTES muestran perfiles metabólicos y óseos más saludables en la adultez joven.
En términos sencillos: los músculos activos protegen al corazón, al metabolismo y a los huesos.
La fuerza, en este sentido, deja de ser una capacidad física aislada y se convierte en un indicador integral de salud pública.
Implicaciones prácticas para entrenadores y docentes
Incluir entrenamiento de fuerza desde edades tempranas.
La evidencia respalda su seguridad y beneficios, siempre con progresión, control técnico y cargas adaptadas.Evaluar la fuerza como parte del seguimiento de salud.
Tests simples como el handgrip o el salto horizontal son predictores válidos y accesibles.Combinar fuerza con sobrecarga y habilidades motoras.
El desarrollo equilibrado del sistema neuromuscular en edades de crecimiento favorece la salud general y reduce el riesgo de lesiones.Educar a padres y docentes.
Romper el mito de que “las pesas detienen el crecimiento” o "son inseguras" y comunicar que entrenar fuerza fortalece huesos, articulaciones y autoestima.
Conclusión
El metaanálisis de García-Hermoso y colaboradores deja un mensaje contundente:
“El fitness muscular en la infancia y adolescencia no solo predice el rendimiento físico, sino también la salud metabólica, cardiovascular y ósea en la adultez.”
Promover la fuerza no es solo formar mejores atletas:
es formar adultos más sanos, metabólicamente eficientes y funcionalmente capaces.
Cada salto, cada empuje y cada flexión bien enseñada, es una inversión biológica en el futuro.
Referencia
- García-Hermoso, A., Ramírez-Campillo, R., & Izquierdo, M. (2019). Is Muscular Fitness Associated with Future Health Benefits in Children and Adolescents? A Systematic Review and Meta-Analysis of Longitudinal Studies. Sports Medicine, 49(7), 1079–1094. https://doi.org/10.1007/s40279-019-01098-6
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